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Me encanta
Le ponían a prueba continuamente, le abandonaban a su suerte, dejaban que midiera su ingenio y determinación con la furia de la naturaleza. Ésa era su iniciación, lejos de la civilización, y volvería junto a su pueblo como espartano, o no regresaría.
El lobo empieza a girar alrededor del chico. Las zarpas, implacables como el acero, el pelo, negro como el azabache, los ojos ensangrentados, dos rubíes en la mismísima boca del infierno. El gigantesco lobo olfatea, saboreando el olor del inminente bocado.
No le sobrecoge el temor, simplemente es más consciente de todo cuanto le rodea. El aire, frío en sus pulmones. Los pinos, que mecidos por el viento se estrellan contra la apremiante noche. Su pulso es firme, su forma física, perfecta.
Requiem por un sueño
Se mezclan los sentidos hasta el punto de perderlos. Atrapada en un cuerpo inmóvil, con la respiración atragantada, indefensa y perdida. Luchando por ahuyentar la paranoia que no se va. Rabia por tenerlo todo y perderlo después de dos tragos. Tirando por la borda todas las promesas que un día te hiciste para hacerlo todo bien de una vez. Y es que lo estas haciendo al revés. Hace tiempo que dejaste de pensar con la cabeza. La pierdes si está cerca. Y si está lejos también. Recuerdas sus ojos, su voz, y sus manos… y eso es algo que no sueles hacer. Es diferente ¿no?, no es como otras veces.
No dejarás de vivir al límite si no te lo pide.